Cómo combinar una camisa de polo con estilo

No hay duda que el polo es un auténtico y verdadero elemento básico de estilo masculino, aunque es cierto que también muchas mujeres se atreven a utilizarlo (en la versión confeccionada y diseñada especialmente para ellas, claro está). Sin embargo, a pesar de ello, es cierto que existen algunos hombres que no suelen tenerle demasiado cariño […]

No hay duda que el polo es un auténtico y verdadero elemento básico de estilo masculino, aunque es cierto que también muchas mujeres se atreven a utilizarlo (en la versión confeccionada y diseñada especialmente para ellas, claro está). Sin embargo, a pesar de ello, es cierto que existen algunos hombres que no suelen tenerle demasiado cariño o entusiasmo.

Consejos para combinar camisas de polo

Quizá esto tenga relación con distintas asociaciones negativas, en las que el polo -por ejemplo- se considera como una prenda más formal, en términos de uniforme, ya sea de forma literal, como ocurriría con un repartidor de pizza o un estudiante de primaria, o de manera metafórica.

A pesar de ello, muchos modistas coinciden en señalar que, en realidad, el polo merece un poco más de amor del que normal y habitualmente recibe. Básicamente porque se trata de una prenda que se sitúa entre una camiseta y una camisa de vestir, de manera que puede ser tan formal como informal. Es decir, es una prenda perfecta para muchos eventos del día a día no del todo formales, pero tampoco son totalmente casuales.

Por ejemplo, es una prenda ideal para el verano, para disfrutar de una barbacoa en el jardín o de un idílico paseo por la playa, y puede servir tanto de día como de noche (aunque en esta ocasión, dependerá directamente del color que vayamos a escoger).

Incluso en términos de ropa casual para el día a día, un polo fresco, cómodo y perfectamente transpirable es tan útil como una simple camiseta, con la particularidad de que será algo más serio y ¿por qué no? también profesional. En cualquier caso, de lo que no hay duda es que es una forma útil, rápida y sencilla de mejorar nuestro estilo no solo en verano, sino también en primavera e incluso en otoño si no hace demasiado frío.

A la hora de combinar una camisa polo, y además intentar hacerlo con estilo, la realidad es que no existen muchos trucos ni es necesario saber demasiados detalles técnicos o ser un auténtico modista con experiencia para conseguirlo.

Combinar camisas de polo

Es fundamental, desde un primer momento, tener presente cuáles son los distintos materiales con los que habitualmente se fabrica el polo, y también para qué deseas usarla. Por ejemplo, hay polos diseñados específicamente para el uso deportivo, de manera que mientras que una mezcla de poliéster o algodón sí podría resultar útil (aunque es menos transpirable), una tela de seda podrían llegar a mostrar el sudor fácilmente, llegando incluso a perder el color a medida que se mojan.

También es importante intentar lograr el ajuste perfecto con todas las prendas. Por ejemplo, no es adecuado que el dobladillo inferior se sitúe más allá de los bolsillos de los pantalones y de las nalgas, no más alto que las caderas, aunque debe ser lo suficientemente larga como para poder introducirla por dentro del pantalón, y lo suficientemente corta como para usarla sin abrochar; efectivamente, sin que parezca un camisón.

Debe quedar cerca del cuerpo, ajustada pero no demasiado apretada. Por ejemplo, puede quedar bien que ésta quede un poco más apretada en los brazos y en el pecho, pero reducirse a la altura de la cintura.

¿Conoces la historia de la camisa de polo?

En sus primeros días, el tenis era considerado como un deporte aristocrático, en el que se jugaba con una especie de atuendo conocido como «blancos de tenis», y que consistía en vestir pantalones de franela, una camisa de vestir (con las mangas enrolladas, todo muy cómodo y natural) e incluso habían jugadores que se ponían una corbata. Obviamente, estas prendas no se prestaban del todo bien para practicar un deporte al aire libre, que se caracteriza fundamentalmente por ser muy activo en algunos momentos del partido.

Así, René Lacoste, el siete veces ganador del Grand Slam, decidió hacer algo al respecto y creó la que sería su propia camiseta de tenis ideal. Fue confeccionada con algodón, cómoda y transpirable, y destacaba por ser una camisa blanca de manga corta, sin botones, para solo incluir tres en la parte superior del cuello. Además, el cuello destacaba por ser muy suave. En definitiva, Lacoste creó una camisa liviana y flexible. Así, debutó oficialmente con esta camiseta en el US Open de 1926, y ganó enormemente tanto en comodidad como en estilo.

Y, un año después, en 1927, Lacoste adhirió el ahora famoso logotipo de reptil al pecho de la camisa, ya que el jugador era apodado como «el cocodrilo». Finalmente, en 1933, el jugador ya retirado comenzó a fabricar su prenda para las grandes masas. Y, así, hasta nuestros días.

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